Huyendo al punto de partida
1: El rostro
extraño no dejaba de asomarse ente los arbustos, incluso parecía dibujarse
desde las ramas y las hojas de los árboles más cercanos. El silencio que
inundaba el espectral bosque no parecía protegerme, más bien, aparentaba ser
cómplice de aquella sombra que observaba curiosa mi andar…
2: Caminar ya no
tenía sentido, mi bóveda craneal no conseguía hacerse espacio para más ecos, el
desasosiego, el instinto… Nada hacía cosa que no fuese empeorar, cada pequeño
pedazo de cordura se retorcía y resquebrajaba hasta quedar corrupto, negro…
muerto. Nadie está aquí, sólo yo y las voces, sólo yo y los ecos.
— ¿Qué ecos? — Preguntó tembloroso. La habitación
se tornó silenciosa.
No hay respuestas,
hay ecos, sólo ecos en su cabeza… Un rostro se repite…
3: Las manos
sucias, las manos le han arrebatado la luz. Las manos, esas manos que antaño le
ofrecieron calidez, que colocaron un anillo en su dedo… Que ahora, sin
miramiento alguno han destrozado un cuerpo con la ferocidad de un depredador hambriento…
es más, no existe en el mundo animal con la capacidad de cometer tal atrocidad.

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