Foo Fighters (Wembley Stadium, 2008)
Son pocas las veces que algo
logra emocionarme hasta el punto en el que rompo en llanto, y no por una
armadura de ¨insensibilidad y rudeza¨ que intente ponerme en momentos en los
que quienes que me rodean aparentan ser seres que poseen una sensibilidad y
empatía que yo no comparto, no es así, de hecho, me atrevo a decir que siento lo
mismo que esas personas… Es solo que, lo que me conmueve al punto de lograr que
mi ser se quiebre en llanto, son elementos que tienen la capacidad y el poder
de perforar mis emociones y revolver mis órganos, son pequeños elementos malditos
que logran liberar aquella sensibilidad que busco constantemente (sin éxito).
Quien no llore escuchando a Grohl
cantando Everlong en Wembley (2008) no tiene alma. Los silencios que se reserva
entre cada frase de la guitarra, entre cada trozo de la canción, generan una enorme
expectativa, que crece e implosiona cada vez que abre la boca, o toca una vez más
la guitarra, el clímax de la canción, cuando vuelve con la banda, logra que me
quiebre, que rompa en llanto por la emoción y la energía del momento, que grite
la letra hasta que me raspe la garanta y sienta que cada músculo de mi cuello
está a punto de romperse, logra liberarme de todo, de absolutamente todo por
unos segundos, segundos que no se pueden mejorar de ninguna forma… entonces
llego a un momento de silencio, no sé por qué lloro, no sé porque pese a ser consciente
de esto, sigo llorando.
Paso a Best of You, me desgasta,
me duele cada verso que Grohl canta, siento los golpes a la batería en el
pecho, siento que me rompe, y escala, y escala y escala, de a poco siento a
todos los instrumentos, me piden explicaciones, vuelven con furia, siento que
esa canción puede ser más mía de lo que en algún momento hubiese podido
imaginar, ya no puedo y vuelvo a llorar, no puedo cantar, no puedo.
Antes había amor.
Ya no quiero escribir esto.

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