Arrancar carne
No resulta menos que curioso cómo, lo que algunos cráneos
consideran irrelevante para sí mismos, para otros (cerebros por lo general) son
granos de arena con el poder de incrustarse violenta y dolorosamente en lo más
profundo de nuestras individualidades, como aquella, en el momento,
insignificante piedrecilla terminó por dar forma a gran parte del todo,
modificando en el espectro general de lo que somos, si, esto no es nuevo, nunca
lo será... Lo que no quita de ninguna manera que sea en extremo importante. La
riqueza de aquellas ¨insignificancias¨ no se limita al cambio, es entonces, un
eje evolutivo que permite el aprendizaje y la auto-modificación, que nos da el
poder casi como una bendición, de quitarnos pedazos y moldearlos, que pasarán a
integrar y reemplazar los antes extirpados.
El proceso de extirpar aquellos pedazos que dejamos de considerar
útiles es como mínimo tardado, se trata de tomar carne formada por recuerdos de
diferentes naturalezas y proceder sin temor a arrancar el pedazo con fuerza,
pero con la lentitud suficiente como para no alterar los tejidos aledaños.
Seguido de este paso, el proceso de moldear y renovar le trozo cercenado es más
bien complicado, pues se trata de utilizar la teoría aprendida, y
principalmente, aquello que nos brindará más felicidad, placer… para finalmente
conseguir el nuevo trozo de carne, ahora pulido y modificado, listo para ser
reinsertado, listo para editar el espectro del todo, del todo que somos
nosotros.
JMER
JMER
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